17/05/2026
Aunque hay mañanas en que me da un poquito de flojera salir de la cama, sobre todo en estos días de frío, recuerdo que mi trabajo me espera y doy gracias a Dios por tenerlo.
Así que acá estoy de nuevo, a ver con qué nos sorprende el nuevo día.
Mi rutina comienza como siempre: limpiar habitaciones, abrir el portón y recibir parejas o solitarios que vienen al motel.
Aunque no lo crean, algunos solo vienen a descansar (jajaja).
El timbre suena. Un joven pregunta si me quedan piezas, a lo que respondo que sí.
Me pregunta si hay señoritas en el local para atención personal. Le respondo que si quiere
compañía, debe traerla desde el exterior o llamar a alguna página que se presta para ese servicio.
Un poco decepcionado, hizo ingreso a la habitación.
Yo seguí con mi labor, recibiendo y despachando parejas.
De nuevo suena el timbre. Era un hombre de unos 35 años aproximadamente. Me dijo que lo esperaban en la habitación número seis, la habitación del cliente solitario. Como al local llega toda clase de parejas, no me sorprendió, así que lo dejé ingresar.
Avancé un poco para seguir con mi trabajo, cuando escucho gritos de espanto y lo único que veo es al hombre que recién había llegado volar de un buen combo que le propinó mi cliente solitario.
Menos mal lo detuvo el portón 🤣🤣🤣 (perdón, no puedo parar de reír). Si ustedes estuvieran en mi lugar, lo entenderían 😁.
Yo, sin entender qué sucedía, vi al cliente de la habitación emputecido; quería seguir dándole al pobre hombre. Como siempre, yo tuve que intervenir.
Mi reacción fue abrir el portón para que lograra arrancar. Más encima, el patudo quería devolución de dinero, sin yo tener arte ni parte en el problema.
Conclusión: el cliente de la habitación número seis había solicitado la atención de una dama. Me mostró la foto de una mujer morena despampanante y le mandaron a un hombre.
Hubiera sido bonito siquiera; tenía hasta los ojos salidos hacia afuera 🤣🤣🤣🤣.
Ahora entiendo el enojo del cliente. Abandonó furioso el motel, como si yo tuviera la culpa, jajaja.
No creo que vuelva.
Queridos seguidores, si van a llamar a una página de citas, asegúrense de que les envíen a quien ustedes soliciten.
De lo contrario, terminarán peor que el amigo, trasquilados como oveja.
Gracias por leerme.
Como siempre, su amiga: “Historias de Motel”.