23/06/2026
El Camino Lebaniego no es solo una ruta entre montañas: es una forma de viajar, de conversar y de dejar que el camino marque el ritmo.
Cristina, Marina y Fernando lo han recorrido en familia, después de quedarse con ganas de más tras el Camino de Santiago. Lo han hecho en cinco etapas, sin prisas, con paradas largas en los pueblos, hablando con la gente, escuchando historias y dejando que cada día fuese diferente.
Consejos claros que repiten:
preparar bien el camino, no confiar siempre en que los servicios estén abiertos y llevar algo de comida para los tramos más solitarios. Pero, sobre todo, venir con la idea de disfrutarlo sin correr.
Han dormido en posadas, han hecho rutas de 5 o 6 horas con calma, haciendo fotos, observando el paisaje, preguntando a los vecinos, y descubriendo que el camino también se cuenta en conversaciones: con guardas forestales, con vecinos, con quien abre la puerta de una iglesia o comparte una historia inesperada.
Porque el Camino Lebaniego no va solo de llegar. Va de todo lo que ocurre mientras avanzas.