"... Unos kilómetros después alcanzamos el pueblo de Río Aller, cuesto y grande para lo que cabría esperar después de traspasar las estrechura de las peñas, subimos sus empinadas callejas y continuamos ascendiendo por amplia pista, que en su día dicen fue vía romana de comunicación con la Meseta. El agua se despeña por las laderas entre árboles pelados, blancas calizas y verdes prados, está result
ando un invierno de los de antaño, frío y crudo como no se recuerda. Aportan luz las cimas cubiertas de nieve que destacan al fondo confundidas con el gris cielo. Es una gozada contemplar unas cabritinas retozar saltarinas mientras las madres pastan en un prado dentro del mismo pueblo. Por una calleja un aldeano lleva del ronzal a un mulo, cargados sus esterones con cucho para abonar una tierra que dentro de poco será roturada para plantar la simiente de primavera. Hay bastantes coches aparcados en la plaza del pueblo, un hórreo se columbra elevado, le adornan varios aperos de labranza como son: antiguos yugos para pareja de vacas, un par de madreñas y hasta una pala de madera para meter el pan a cocer en el horno de leña. Abandonado el pueblo se empina el camino con suelo de tierra, amplio y dando revueltas va cogiendo altura, llegando a unas camperas con cabañas de piedra muy arregladas, a las que se puede llegar fácilmente montados en vehículo todo terreno y pasar unos días con buen tiempo en medio de una espléndida naturaleza salvaje. En la braña de Carbayalín nos cruzamos con un excursionista en sentido contrario, venía de hacer las Foces del río Pino, calzaba polainas y nos indicó que en el puerto de Vegarada había como medio metro de nieve, que te dificultaba enormemente el caminar, parece mentira pero bien te puede reducir el ritmo a la mitad, es en verdad cansino el hundir los pies en la nieve blanda. Árboles derribados se recuestan sobre la hoja seca que se mezcla con islas de blanca nieve, llegamos cerca del puerto de Vegarada, la marcha se vio muy ralentiza debido a la comentada nieve que comenzaba a tener más de veinte centímetros de grueso, juzgamos pertinente no continuar y darnos la vuelta, en espera de tiempos mejores." por Maximino Alvarez del blog Max y los chatarreros.