03/06/2026
Hoy quiero compartir una situación que me ha afectado profundamente: el robo de mi cámara fotográfica.
Para muchos puede ser simplemente la pérdida de un equipo. Para mí representa años de trabajo, ahorro, sacrificio y dedicación. Una cámara de naturaleza no se adquiere de la noche a la mañana; detrás de ella hay años de esfuerzo, metas postergadas y recursos cuidadosamente ahorrados para poder contar con una herramienta que permita documentar la extraordinaria biodiversidad de nuestro país.
Después de más de 30 años fotografiando aves en Venezuela y en más de 20 países, esta es la primera vez que me roban un equipo. Durante décadas he recorrido montañas, bosques, llanos, costas y selvas llevando siempre en alto el nombre de Venezuela y compartiendo con orgullo la riqueza natural que tenemos.
Quienes dedicamos nuestro tiempo a fotografiar aves y paisajes no solemos hacerlo por reconocimiento ni por beneficios económicos. En la mayoría de los casos lo hacemos por pasión. Pasión por las aves, por los paisajes, por la naturaleza y por el deseo de mostrarle al mundo la belleza de nuestro país. Miles de fotografías han servido para despertar interés, atraer visitantes, inspirar conservación y promover el aviturismo venezolano, muchas veces sin recibir nada a cambio más que la satisfacción de contribuir a una causa que consideramos valiosa.
Por eso esta pérdida duele más allá de lo material. No se trata únicamente de una cámara. Se trata de una herramienta que permitía seguir documentando, difundiendo y promoviendo el patrimonio natural de Venezuela.
Aun así, mi compromiso permanece intacto. Seguiré trabajando para mostrar las aves y los paisajes de nuestro país, porque la pasión que nos mueve a quienes amamos la naturaleza no puede ser robada.