17/09/2026
En la casona de los Sambucetti, la galería siempre fue mucho más que un lugar de paso.
Construida en L, abrazaba el pequeño jardín de la casa, donde crecían rosales, jazmines y malvones. Desde allí, la familia se sentaba a contemplar y disfrutar del jardín.
En aquellos años, el jardín terminaba prácticamente allí, delimitado por un alambre de gallinero y uno de esos portones de caño tan característicos de las casas de la época. Más allá comenzaba otro mundo: los galpones, el gallinero, el porquerizo, el surtidor de YPF y el movimiento cotidiano del almacén Los Buenos Amigos.
En las casas antiguas, la galería era mucho más que un lugar de paso. Como espacio semicubierto, articulaba los ambientes de la casa con el patio o el jardín y funcionaba como una transición entre el interior y el exterior. Su cubierta ofrecía reparo y sombra, convirtiéndola también en un lugar privilegiado para disfrutar del aire libre sin alejarse de la vida de la casa.
La galería era, entonces, ese lugar donde la casa se encontraba con el jardín.
Pasaron los años, el jardín creció y la casa fue cambiando. Pero hay costumbres que parecen permanecer.
Porque nosotros también elegimos la galería para vivir la casa. En verano, ahí desayunamos, almorzamos, merendamos y cenamos. Ahí estudiamos, trabajamos, jugamos, conversamos… y muchas veces simplemente nos quedamos.
Quizás eso sea lo especial de las galerías: pasan los años, cambian las generaciones y seguimos eligiéndolas para encontrarnos. 🤍
¿Y para vos? ¿También la galería es un lugar especial?