12/11/2025
PAPÁ NOS ABANDONÓ... ¿DE VERDAD?
A veces escuchamos a una madre decir: “él no está”, “no se interesa”, “no aparece”… y puede ser cierto. Hay padres que simplemente se van. Pero hay otras historias más incómodas, de esas que casi no se cuentan, y que muchas se niegan a reconocer, donde el discurso no coincide con la realidad: madres que se quejan de la ausencia del padre… cuando en el fondo han hecho todo lo posible (y lo indecible) para que ese padre no estuviera.
No lo digo para atacar a las madres —muchas cargan solas, muchas protegen, muchas han vivido situaciones muy duras—, sino para mirar de frente algo que también pasa, y no es para nada excepcional ni poco frecuente: a veces, por dolor, por enojo, por rencor, por cejos hacia la ex-pareja, no pocas mujeres usan el vínculo con los hijos como campo de batalla.
Estas mujeres que se quejan públicamente de que el niño tiene un padre supuestamente irresponsable, son las primeras que le han puesto condiciones imposibles al hombre para ver al hijo: falsas acusaciones, denuncias instrumentales, amenazas veladas, fingen que el niño está enfermo para no entregarlo con el padre, incumplen el régimen de visitas con total impunidad... y por supuesto, se niegan a compartir la crianza del hijo en común con una custodia compartida.
Estas mujeres son las primeras en decir: "él no es un buen padre", “tu papá no vino porque no te quiere”, cuando quizá sí quiso ir… pero la madre le interpuso una orden de alejamiento con una denuncia falsa. Y así, poco a poco, el niño crece con una sola versión: "el padre es malo, y mamá me protege de él".
El problema de eso es que los hijos merecen más que nuestras heridas. Merecen la verdad, la posibilidad de amar a los dos, la oportunidad de construir su propia opinión sobre su padre y sobre su madre. No es lo mismo proteger que excluir. Proteger es cuidarlos de lo que es dañino; excluir es borrar al otro para satisfacer mi orgullo.
Y desgraciadamente, no son estadísticamente los padres quienes se adueñan de los hijos en los procesos de divorcio. La inmensa mayoría de incumplimientos del régimen de visitas y secuestros parentales los cometen las mujeres, quienes tienen un sentimiento patrimonialista del hijo en común: "mi hijo es mío porque lo he parido yo", como si ese hijo hubiese nacido sin la intervención y recursos de un hombre.
Claro que hay casos donde el padre es realmente peligroso, ausente de verdad o incapaz de ejercer la paternidad con responsabilidad, pero son la excepción no la norma. Y sin embargo, la preferencia legislativa es la custodia materna.
Pero también hay casos donde el padre quiere estar, y la mujer emplea todos los subterfugios legales para evitar que el padre tenga contacto con el hijo. Son muchos padres que se han suicidado por no poder ver a sus hijos. Otros muchos viven como cadáveres andantes sin poder saber nada de la vida de sus propios hijos, y encima tienen que ver como sus ex-mujeres les ponen de vuelta y media, cuando son ellas mismas quienes han boicoteado cualquier opción de crianza compartida.
Muchas mujeres les cierran completamente las puertas de los hijos a los hombres.
Como mujer, vale la pena preguntarse sinceramente:
¿Estoy poniendo trabas porque tengo miedo de que el niño quiera a su padre más que a mí?
¿Estoy fingiendo proteger a mi hijo bajo el amor de madre, cuando realmente lo estoy infligiendo un duro castigo emocional privándole de su padre?
Porque el hijo no rompió la pareja. El hijo no traicionó a nadie. El hijo no merece cargar con el castigo que el adulto siente. Y cuando una madre hace todo para borrar al padre, el niño no se queda sin padre: se queda con un vacío, con preguntas, con una mitad a la que no puede asomarse. Y eso, tarde o temprano, vuelve. A veces vuelve en forma de reclamo: “¿por qué no me dejaste verlo?”, “¿por qué nunca me dijiste que me buscaba?”, “¿por qué me hiciste creer que no le importaba?”. Y ese día duele más que el enojo con la expareja.
Ser madre también es ser honesta. Es reconocer: “a mí me dolió, a mí me falló, yo no lo quería cerca… pero tú tienes derecho a estar con él”. Es separar la pareja de la paternidad. No toda pareja funciona, pero la paternidad no debería romperse solo porque la relación se terminó.
Este texto no es para juzgar, es para invitar a reflexionar. A veces creemos que estamos haciendo “lo mejor para el niño” cuando en realidad estamos haciendo “lo mejor para nosotros” desde nuestro egoísmo, y todo lo demás son justificaciones desde la perspectiva errónea de apartar a un hijo de su uno de sus progenitores.
Y no es lo mismo. Tal vez la valentía a todas esas mujeres que van de "madres protectoras" no está en alejar al padre, sino en permitir el vínculo.
Sin duda, el acto más grande de amor hacia un hijo es darle permiso de querer al otro, aunque ese otro a mí me duela.