31/12/2025
Para su boda, mis padres le piden a mi abuelo Marcos, poder construir en un terreno en el fin del mundo marajense, al que se llegaba sorteando medanos.
Entre asados y vino en bota de por medio, mis padres y sus amigos se juntaban a levantar paredes , techar y poner el piso de ladrillo de la primer casita, los fines de semana. Con la mistica de los años 70 armaron sus propios muebles, grafitearon el cielorraso de arpillera y empezaron a crear una casa que siempre fue para recibir.
Recibir a los amigos de lejos, a los que venian a "hacer la temporada", a la familia, y a sus 2 hijos.
Siempre había lugar para uno más.
Con los años, la casita fue creciendo con nosotros y fue el lugar de encuentro de nuestra adolescencia, donde se hacía la previa. Después llegaron los sobrinos y fue el lugar donde se conocían, reconocían y sumaban primos, experiencias y aventuras.
Cuando mis papas se jubilaron, recalculamos y decidimos, en familia, no perder la esencia de recibir y nos animamos a abrir la casa a todos los que quieran compartirla con nosotros.
Y a partir del 2017 disfrutamos en casas del mar, del encuentro de otras familias, compartimos momentos memorables, cada huésped nos deja un poquito de su historia, y esa energía sigue nutriendo la mistica de Casas del Mar.