02/07/2025
EL BUNKER
Estamos aparcados sobre una calle arbolada y a la sombra, sobre el camino que trepa la montaña hacia Poggio.
Debajo nuestro quedó el faro que alerta a la navegación en el mediterráneo y que advierte con cada destello el peligro de la costa.
Este es un lugar muy familiar para nosotros, pero en este viaje, debemos irnos rápido de la zona.
Algo nos empuja a partir…
Algo hay distinto, y parece que no debemos estar.
Quizás porque ha entrado ya el verano…
Todo cambia…
Todo se intensifica…
Pero esta vez, veo la gente distinta, con agresión y preocupación.
Por la mañana, bien temprano mientras estamos desayunando con la ventana abierta de nuestra camper …
Llegaron…
Un coche viejo, de esos que parecen haber sobrevivido más guerras que el propio siglo. Se detuvieron a unos metros de nosotros. Bajaron dos personas mayores, vestidos con chaquetas demasiado gruesas para el clima, con el gesto duro y se ven cómplices de aventuras pasadas.
—Aquí —dijo el hombre, señalando el suelo seco con el bastón—. Aquí podemos construir el búnker.
El amigo, asintió sin mirar a nadie, como si ya lo viera: el hormigón, las provisiones, las paredes gruesas que los separarían del mundo.
Nos miraron una vez, como si fuéramos árboles o piedras. Y sin decir más, volvieron al coche. El motor tosió, rugió, y bajaron por la fuerte pendiente hasta desaparecer.
Nos quedamos en silencio. No por miedo, sino por la sospecha de que, tal vez, no estaban tan locos.
Cuando se fueron, dejaron una atmósfera un poco inquietante, casi absurda.
En las noticias se habla de guerras…
Ellos no hablaban de bombas, ni de gobiernos ni siquiera de enemigos.
Quizás en su silencio, hablaban del miedo…
Del que se hereda, del que se esconde en los huesos, aunque haya pasado décadas.
Quizás no es el miedo a una próxima guerra…
Quizás, es el miedo que se despertó de la última.
arquitecto y
Te esperamos en
, ,