15/05/2026
Nuestra historia no es muy distinta de la de muchos otros.
Somos Sebastián y Belén, y un día decidimos jugárnosla por hacer algo diferente.
Ya contábamos con un terreno, donde habíamos construido una cabaña muy pequeña para nuestras escapadas de fin de semana. Con el tiempo, me fui dando cuenta de que el campo y el agua me brindaban una sensación de bienestar que no quería perder.
Sebas, en cambio, trabajaba en ese entonces a 300 km de casa. Solo nos veíamos los fines de semana, con todo lo que implica un trabajo en relación de dependencia: sueldo seguro, obra social, rutina estable...
Nos llevó dos años, pero en noviembre de 2018 finalmente inauguramos nuestra hostería de campo con vista al río.
Pasamos de no vernos en toda la semana a compartir el día a día, trabajando codo a codo. Claro que cada uno tiene su rol bien definido. Al principio, lo único que sabíamos sobre turismo era desde nuestra experiencia como turistas.
Tuvimos nuestras discusiones (siempre por tonterías), que disimulábamos en silencio con miradas y mímicas, para que nuestros huéspedes no lo notaran. Pero todo terminaba siempre con un abrazo que curaba cualquier diferencia.
Hoy podemos decir que nos encanta trabajar juntos, y creemos que eso se nota. Nos gusta recibir a quienes llegan, y disfrutar con ellos momentos compartidos, ya sea en un almuerzo o una cena.