18/05/2026
“¿Has notado que, a veces, cuanto más tenemos, más difícil se vuelve soltar?
Los maestros solían decir: cuanto más ricas se vuelven las personas, más miserables pueden llegar a ser. Y muchas veces esto es verdad, porque la avaricia no trae paz. Hace que el corazón se vuelva estrecho, temeroso, nunca satisfecho.
Nos esforzamos tanto por acumular cosas y, sin embargo, en lo profundo, todavía hay inseguridad, todavía hay apego, todavía está el miedo a perder.
Las enseñanzas dicen: en vez de guardar riquezas inútiles, úsalas de manera significativa. Ayuda a quienes lo necesitan, apoya el Dharma, haz ofrendas con sinceridad y sé generoso, no solo con los amigos que pueden beneficiarte, sino con todos: los pobres, los enfermos, los ancianos, el extranjero que viene de lejos.
La verdadera generosidad no calcula, no busca elogios, no espera una recompensa a cambio. Porque la verdadera ofrenda es soltar el aferramiento.
Cuanto más fuerte nos aferramos, más pesada se vuelve la mente. Pero la generosidad suaviza el corazón, abre la mano y, poco a poco, afloja la idea de que algo pueda ser verdaderamente poseído.
Quizás la verdadera riqueza no se mida por cuánto conservamos, sino por cuán libremente podemos dar.
Un día, todo lo que poseemos quedará atrás. Pero la apertura del corazón, esa continúa.”
Dilgo kyentse Rinpoche