Queremos compartir con cada uno de nuestros visitantes y huéspedes ese gusto por respetar el trabajo de nuestros antepasados y resaltar la belleza de su trabajo. Disfrutar con cada detalle de la construcción de nuestra casa, de sus amplios, luminosos y confortables espacios que invitan a compartir una conversación, un café, un chocolate y por supuesto platos más sofisticados de nuestra comida típica, así como la comida internacional.
Desde que recibimos la casa en el 2013, iniciamos un cuidadoso proceso de recuperación de la casa que se encontraba prácticamente destruida y abandonada. Este proceso ha incluido el concepto técnico de diferentes profesionales y de funcionarios del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural y ha tenido como propósito respetar y rescatar los valores arquitectónicos de su construcción, tarea que ha demandado mucha paciencia y muchos recursos.
En cada uno de los espacios que se han recuperado, se ha tenido cuidado no solo de respetar y rescatar su valor arquitectónico, sino de dotarlos con equipos y elementos de primera calidad para hacer placentera la estancia para los habitantes, huéspedes y visitantes. Los equipos y accesorios de baños y cocina son modernos y de la mejor calidad, para la comodidad de todos.
El espacio que adecuamos como cocina comunitaria ha sido muy apreciado por nuestros huéspedes y por los amigos y familiares que han decidido compartir momentos especiales en nuestra casa.
De la obra arquitectónica
Se trata de un inmueble construido entre 1915 y 1920. Su estilo hace parte de la arquitectura republicana de Bogotá. Este estilo arquitectónico se denominó así por su coincidencia con las ideas de democracia y vida republicana que nacen y se fortalecen en la segunda mitad del siglo XIX y se prolongaron durante la primera mitad del siglo XX.
La arquitectura republicana se caracterizó por romper con el estilo de arquitectura colonial predominante hasta esos días, por rebelarse contra el modelo y estilo español que hasta ese momento dominó en la ciudad y por ello se consideró un verdadero símbolo de progreso.
La fachada de la casa hecha en diferentes materiales: piedra, hierro y cemento, no solo la hicieron más resistente a las condiciones climáticas, sino que permitieron llenarla de llamativos motivos ornamentales que dan muestra de la modernización material de la ciudad, constituyéndose en una de las casas más emblemáticas de la época, como lo demuestran sus preciosos y amplios balcones.
El ladrillo y la madera fueron utilizados en su estructura, mientras que el hierro, la piedra y el cemento fueron utilizados para decorarla. Algunos muros están enchapados ladrillo, pero todos pañetados, excepto las fachadas laterales y la parte alta del segundo piso que se encuentran en ladrillo a la vista.
Sus primeros propietarios
De acuerdo con la información recopilada: en el año 1919 el señor Manuel José Gaitán protocolizó la construcción de las dos casas que conforman el inmueble, el señor Gaitán en 1921 vendió el inmueble al doctor Uldarico Rozo, quien a comienzos de 1946 la vendió a la Arquidiócesis de Bogotá. En la escritura de adquisición de la Curia, suscrita por el Arzobispo de Bogotá Ismael Perdomo, manifestó que este inmueble sería destinado para “casa cural de la Catedral Primada”.