04/10/2022
Por la Calle de las Trampas se sintió la administración principal de alcabalas, y el monopolio del tabaco en la zona centro y norte de la provincia de Mariquita. La miel y el aguardiente fueron también productos que incrementaron las fuentes de ingresos fiscales en su producción, venta, compra y consumo a raíz del pago obligatorio de impuestos a la corona según las reformas de Gutiérrez de Piñeres.
Las empedradas curvas de Las Trampas fueron testigo del tránsito de parte importante del comercio que llegó a los embarcaderos de los puertos de Honda, y que era escoltado por rondas de vigilancia en el río y por tierra para la seguridad del transporte de pasajeros y de productos. La navegación a bordo de los champanes y sus incansables y fuertes remeros, los bogas, hizo posible el embarque y desembarque de mercancías y de personalidades de distintas latitudes en estos puertos.
Los escritos e ilustraciones a mano alzada en las cartas, libros, crónicas de viaje del sabio José Celestino Mutis, el hallazgo de las cuatro clases de quina y el envío del oro y la plata ya fundidos en lingotes y monedas, dan testimonio del movimiento portuario en este punto de la geografía; así como también los diarios de viaje y memorias de Von Lengerke y el Barón Alexander von Humboldt, entre otros ilustres visitantes de estas tierras ribereñas.
En la actualidad, la Calle de las Trampas pervive como patrimonio y memoria de los hondanos; da cuenta del pasado en este presente y se proyecta en el futuro de propios y turistas como ese camino mágico y andaluz, empedrado y zigzagueante en el que desembocan la Cuesta Zaldúa, el Callejón de San José, el Callejón de la Broma, la Cuesta de Mr. Owen, la Cuesta de San Francisco, hasta estrellarse casi con la plaza de mercado, en una suerte de ventana del tiempo y del espacio.
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