28/08/2026
Columna Turística
*Sabores que atraen, el boom del turismo gastronómico*
La gastronomía es un agente propulsor para la experiencia turística de los territorios. Los paladares más exigentes y aquellos que encuentran en los sabores una conexión con la tierra y la cultura de un lugar, buscan y valoran en alto grado el patrimonio que representa la buena cocina. Conforme crece el turismo en Nariño, sectores como el gastronómico encuentran oportunidades de crecimiento económico, y también nuevas formas de diversificar el turismo, generando nuevos empleos, impulsando las economías locales, y estimulando la inversión en infraestructura pública y privada.
En Nariño, brindar un alimento, cualquiera que este sea, dada la enorme diversidad del departamento, siempre se ha conectado con una o varias expresiones afectivas; un plato de comida nariñense evoca recuerdos, genera un sentido de pertenencia y conexión con los seres queridos, celebra la alegría e indiscutiblemente, crea conexiones cerebrales importantes a partir de los canales sensoriales del gusto, la vista, el odio e incluso el tacto; toda una experiencia de turismo.
Desde casa, se nos enseñó que la comida es un elemento que no solo nutre, sino que también consiente, reconforta, muestra agradecimiento y comunica lo mejor de cada ser. Así, el nariñense se preocupa y se esmera en brindar al visitante una oferta gastronómica que combina sabor con tradición, emoción y cultura.
Chefs, cocineros y sabedores; hombres y mujeres han transformado los recursos naturales de cada zona de Nariño en productos con valor comercial y cultural. La gastronomía para el turismo del departamento se torna hoy en un importante elemento de construcción social; cada comunidad o espacio del sur occidente colombiano debe ser visto a través de sus singularidades, características geográficas y humanas tan propias que se convierten en un elemento de reconocimiento del grupo social, al igual que en un elemento representativo de la cultura de la comunidad ofrecida al visitante quien puede degustar parte de esa cultura y percibir al colectivo a través de un proceso interactivo y participativo.
Visitante o local, la gastronomía del sur siempre sorprende: el cuy asado en Pasto, la choriza Sandoneña, el sancocho de guineo de Consacá, el queso de Guachucal, las magdalenas de Nariño, los lapingachos en Ipiales, la trucha de Cumbal, la papa choreada en Túquerres, los longplay del Pedregal, el morocho, la sopa chorreada, la arniada, la poleada, la juanesca, el quimbolito, las empanadas con azúcar, el encocado, la bala, el pusandao, el tapao, el café de más de 40 municipios de los 64 de Nariño, la chicha, el guarapo, el chapil, el envuelto de papa, de yuca, de mote, el hornado, el frito, el helado de paila, el dulce de calabaza, de chilacuán, de mora de castilla, de motilón, de tomate de rabo, las colaciones, las docenas de cervezas artesanales, la Hidromiel, las infusiones aromáticas orgánicas, los snacks tradicionales, y las frutas, verduras y hortalizas nariñenses son solo una muestra de la riqueza gastronómica de esta tierra donde los sabores también son de todos los colores.