Se abre el álbum de fotos que está en la tercera gaveta, e inmediatamente, la casa se llenó de amor.
Los recuerdos de aquellos días huelen a Sierra Nevada, a pan reciénhorneado, a María Farina, a vino fresco y a los vagones del tren pasando por la Avenida del Ferrocarril de Santa Marta.
El florecer de las astromelias indicaba que se aproximaban los buenos tiempos de abundancia y progreso en la ciudad, nuestra gran ilusión; y con la ilusión llegaron los espacios de esta casa, donde en el patio que se secaba al sol la pasta, se fermentaba el vino.
Explorando estas memorias milagrosas, escuchamos las notas musicales del piano, de cuyo teclado se desprenden melodías de agua que nacen en Ríofrío, y que regaron con sus acordes los cultivos que aún mantienen nuestra tierra fértil.
La familia creció entre el apagón tranquilo de la luna y los domingos sagrados de eucaristías, entre instantes que insisten en aferrarse a la eternidad y costumbres que no irán a ningún lado porque perdurará por siempre...
Registrados quedan los recuerdos del primer amor, de reuniones entre amigos en las que él era el protagonista, lugares donde su presencia era sinónimo de admiración, experiencia y respeto.
Son estas memorias de un buen amigo, de un alcahueta, de un soñador.
Seguimos pasando las páginas del álbum, desempolvándolas, separando las hojas que se pegaron con el tiempo...
En sepia, encontramos las fotografías de los viajes por Italia, de charlas que duraban horas y de la esencia gastronómica de una generación que sigue viva.
Las mecedoras de la casa cuentan maravilladas las historias de liberales a quienes el rojo les brotaba por la piel y se les asentaba en la ropa, hablan de los consejos de la nana inocencia y entre sus palabras se siente la brisa fresca de la madrugada que trae consigo esencia, magia y corazón.
Se cierra el albúm, se abre otro.
Y aquí estás tú, viendo el homenaje de quien nos dejó este legado, respirando el sueño de quien en 1994 nunca dijo adiós, porque quedaron las miles de historias que el tiempo se negó a olvidar. Quedó la casa amarilla de este callejón, la misma que hoy abre sus puertas para que conozcas a este, tu anfitrión.
Bienvenido a tu casa, donde los recuerdos de buenos tiempos te cruzarán el alma y convertirán tu estadía en una experiencia mítica.
Casa Papau, basada en una historia real.