18/09/2025
Honramos a nuestros amigos - Hiatoria #3 Era octubre de 2021 cuando una llamada con acento costeño nos llenó de expectativa: una mujer quería celebrar su aniversario de boda en el Refugio. Con gusto le preparamos un espacio privado junto a la chimenea, con carta abierta y todo el cariño de nuestra cocina. Esa noche llegaron: ella, Yesica, una mujer de unos 44 años, elegante, serena, pero de mirada profunda; y su esposo, un hombre mayor, simpático y conversador. La velada fue íntima, entre vino, chimenea y un plato inolvidable: un lomo en término azul, tan arriesgado como la mujer que lo pidió. Esa primera charla no nos convirtió en amigos inmediatos, pero sí dejó abierta una puerta.
Pasaron meses hasta que la vida nos volvió a reunir en una reunión comunitaria. Esta vez hubo más conversación, un café pendiente, y luego otro, y otro más. Pronto los cafés se convirtieron en almuerzos familiares, en charlas largas, en una amistad que crecía. Pero la vida, con sus giros, puso una bandera roja: el divorcio de Yesica. Fue un tiempo difícil, y en medio del duelo nos descubrimos más cerca. El vino acompañó las noches, las conversaciones se hicieron eternas, y nació entre nosotras una amistad sólida, marcada por el respeto, la complicidad y la aventura.
Y justo ahí, apareció el destino disfrazado de tenis amarillos. Un amigo mío, tímido como pocos, la vio y no se atrevió a acercarse; solo me dijo: “Dígale a su amiga de tenis amarillos que muchos saludos”. Ese mensaje sencillo fue la chispa que encendió una historia. Poco a poco se fueron conociendo, enamorando y construyendo algo nuevo.
Hoy, de aquel “no–aniversario” que celebramos en silencio, ha florecido un nuevo “sí–aniversario”. Cuatro años después, la vida le regaló a Yesica un nuevo amor y a nosotros la certeza de que el Refugio es, más que un lugar, una cajita de sorpresas donde los finales se transforman en comienzos.