13/05/2019
Desde finales del mes de Abril del 2019, todo el perímetro costero de la Casa La Cochera, asi como sus entornos aledaños, está envuelto en la tormenta cultural de la Bienal de la Habana, que ha centrado sus escenarios en la ruta costera del Malecón habanero, la Avenida del Puerto y el Paseo del Prado, asi como diferentes plazas en el Centro Histórico de la Habana Vieja.
Es bien sabido por neófitos y expertos, que el lenguaje del arte, más aun cuando de postmodernismo se trata, se torna más íntimo desde el artista pero más interactivo desde su exposición pública, convirtiéndose más que todo en una conversación entre población y obra actuante, haciendo del individuo en un ente cada día más activo.
Esta bienal recrudece mucho más este aspecto conversacional, sus obras destilan agudezas y mensajes a veces elementales, como el globo de papel del Castillo de la Punta, que denuncia en cuartillas superpuestas la no aceptación del arte independiente por parte de entidades gubernamentales, o los humanoides de hierro, sentados en tronos metálicos de la Avenida del Puerto, que evocan desde el poder, el mutismo y la ausencia de dialogo.
Una de las instalaciones más provocadoras, por su carga semántica, es 19 y 30 de Jorge Otero, que consiste en un conglomerado de sillas orientadas al horizonte norteño, situadas en el punto neurálgico de la explanada de la Punta, una de estas sillas lleva acoplada una vetusta antena de TV, orientada también al horizonte, suspirando quizás por señales indetectables, por destiempo o falta de dialogo. Este performance (si asi lo pudiésemos llamar), ha constituido un éxito de público, que ha aceptado la invitación de sentarse a desarrollar desde el consabido dialogo interpersonal, hasta otras conversaciones más amplias que desbordan el ámbito costero, inconclusas por razones X, pero que el público clama por reanudar, siendo esta una de sus posibles lecturas, pues la instalación cuenta con todos los componentes subyacentes, que el espectador quiera aportar, desde su lectura personal.
Otras obras, que exponen muros que conducen hacia un ángulo cerrado, evocan la asfixia comunicacional de la sociedad cubana, carente de un espacio de debate legítimo y suplantado por entidades rígidas, donde la discusión esta circundada por limites sutilmente definidos.
Lo invitamos, estimado huésped a que visite, recorriendo con calma y cámara en mano, bajo la brisa estival del naciente verano, todo el escenario artístico que por estos dias circunda nuestra casa La Cochera.
Bienvenidos
Jorge y Suylleng