11/03/2026
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CORTINA Y SU HACIENDA – PINAR DEL RIO, CUBA
Publicado por D. Jácome
La Hacienda Cortina fue una de las mayores propiedades de tierra existentes en Pinar del Rio, llegando a abarcar tres municipios de esta provincia. Se encuentra ubicada en las márgenes del Rio San Diego e incluye territorios de la Sierra del Rosario y la los Órganos. Su propietario fue José Manuel Cortina.
Hay varias versiones de cómo este destacado abogado, político y diplomático cubano, adquirió su primera propiedad en la zona: “La Güira”. Algunos investigadores consideran que la obtiene mediante donación de su propietario, por la exitosa defensa que le hiciera, en 1908, en un pleito por la partición de propiedades; otros aseguran que la adquirió por los servicios que prestó a una señora en 1916. No se aclaran qué servicios…
Otra versión sostiene simplemente que, en 1906, compra “La Güira”, con alrededor de 133 caballerías de tierra y que en 1911 adquirirá la propiedad aledaña, conocida como “La Palma” o “Potosí” con cuatro caballerías. Años más tarde, en 1916, consigue el “Abra de Caiguanabo” y “Galalón”, mediante compra a Agapito del Busto y en 1920 será “Caiguanabo”, perteneciente a la familia de Grau San Martín y en 1923, la finca “El Bosque” y “Las Yeguas”.
Posteriormente, mediante litigio se apodera de una parte de la finca “Arroyo del Agua” y para 1928 ya era dueño de vastas extensiones de terrenos: “El Desvío”, “El Bosque”, “San Pedro de las Yeguas”, “San Pedro del Álamo”, “Santa Catalina”….. Pero aún no fue suficiente y continuó ampliando su propiedad, …pero pienso no les interesará que se los enumere en detalles.
La zona es idónea para la explotación de materias primas rentables, tanto en el mercado nacional como internacional, contando con 150 vegas tabacaleras y con extensos potreros para la cría de caballos, ganado vacuno y porcino; producía café, naranja, mango y otras variedades de frutas, además de miel de abejas. Además, fomentó variedades de madera en proceso de extinción en la región y desarrolló una política de protección de la fauna, incorporando nuevas especies. En 1939, dentro de estas propiedades, existían 5 escuelas, para más de 400 niños.
Ya para la década de 1940, su extensa propiedad abarcaba territorios de los municipios Consolación del Sur, La Palma y los Palacios, según consta en un plano existente de la hacienda encargado por el propio Cortina.
Pero dejando a un lado los aspectos económicos y productivos, el proyecto de esta hacienda que podemos ubicar en 1920, ya disponía de una vistosa portada de piedras obtenida de los alrededores, para de este modo relacionarla con su entorno dentro del maravilloso paisaje de Pinar del Río. En la entrada, de aspecto medieval, aunque sencilla, inscribió su apellido con el que dará su nombre hasta nuestros días: Hacienda Cortina.
En “La Güira”, su primera hacienda en esta zona, por su espectacular paisaje decide construir un parque, con elementos arquitectónicos y escultóricos que le otorgarán a la hacienda las características formales que la hacen única al compararlas con propiedades similares en Cuba. El camino, en parte pavimentado en mármol, nos conduce, a través de espaciosos jardines e hileras de farolas de bronce, hasta la casa principal, igualmente construida en 1920, con piedras y materiales de la zona.
También a esa ápoca corresponden la Casa de Visitas y la Casa China. La japonesa será construida algunos años después, y en ellas se atesoraban una importante colección de objetos, valiosos exponentes de la cultura asiática, que actualmente se encuentran en museos. Formaban parte de la decoración tapices representativos del oropel manchú (s. XVII), pebeteros oxidados entre antiguos cojines de seda, junto al Buda con su lámina de oro y un guerrero mongol del siglo XII, de tamaño natural, etc.; completando el conjunto, una lujosa y significativa selección de muebles que armonizaban con el conjunto de objetos.
Para el parque dispuso una ambientación basada en esculturas de mármol de Carrara, bronce y otros materiales, adquiridos, en su mayoría, en el extranjero. Construye un lago artificial, con atracadero y puentes, con posibilidad de navegación para pequeñas embarcaciones. También formaban parte del conjunto piscinas, bancos, jaulas para animales y otras edificaciones semejantes, en cuanto estilo, a la portada de la hacienda. Para completar este paraíso, importó aves del continente americano a las que hizo construir pequeñas casetas en los árboles.
Todo el conjunto hacía evidente un perfecto gusto estético y loable apreciación de los valores culturales que se propuso exponer. Todas las personas que visitaban el lugar, tenían acceso a las casas ambientadas con objetos de esas culturas, pero las casas China y Japonesa, construidas por especialistas asiáticos, eran para su uso particular. Trabajaron también obreros jamaicanos, haitianos, daneses, gallegos y mexicanos.
Su refinado gusto estético por el arte y la cultura son un evidente resultado de su formación, pues José Manuel Cortina realizó sus primeros estudios en su propia casa con una institutriz francesa, cursando posteriormente la primera y segunda enseñanza, hasta graduarse de bachiller, en el Colegio de Belén, en La Habana. Siendo estudiante fue miembro del primer comité organizado a la caída de la dominación española; y uno de los fundadores del Partido Nacional, que después se convertiría en Liberal.
Entre otros cargos, fue representante de la cámara en 1914 y 1916, senador de la república durante 8 años y secretario de la presidencia de Arturo Zayas. Creador del sanatorio “La Esperanza”, para tuberculosos y también de la “Comisión Nacional de Propaganda y Defensa del Tabaco Habano”, en la etapa en que esa industria exportadora entró en su tercera y más decisiva crisis (1925 – 1933). Durante el gobierno de Miguel Mariano Gómez fue ministro de Estado. Como presidente de la delegación de Cuba a la “Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz”, en Buenos Aires, obtuvo la aceptación de los Estados Unidos para firmar el protocolo de no intervención, no aprobado en la anterior Conferencia de Montevideo en 1933.
En la Convención Constituyente que redactó la Constitución de 1940, asistió como delegado por La Habana, donde la Asamblea adoptaría, por unanimidad, una serie de sus propuestas de reformas a problemas que eran puntos contradictorios y críticos de la sociedad cubana de aquel entonces.
Sin dudas conocemos a Cortina por su riqueza y propiedades, como la conocida hacienda que lleva su apellido o su mansión en el Vedado, actualmente Casa de la FEU, junto a la Universidad de La Habana; pero también debemos valorarlo y considerarlo como uno de los más destacados diplomáticos, políticos y oradores que haya tenido Cuba.
En cuanto a la Hacienda, se asegura que existía una habitación, “La vivienda del Buda”, donde Cortina se reunía con sus amigos, relajados, en pantuflas y con el aroma de inciensos, para disfrutar del reposo del cuerpo y el alma. Esto no sé si será cierto, no importa, porque la historia de su vida es tan deslumbrante, como la Hacienda, la que aún impresiona a sus visitantes...
Y que motiva esta publicación.
CUBA EN LA MEMORIA 010/03/2026