18/09/2017
Los cuentos de las puñaladas que un guapo le dio al otro es el chisme más reciente del barrio. Ser de Sagua es identificado en otros municipios de la provincia con el calificativo de "peligroso", portador de armas blancas, y guapo. La guapería es algo que no he experimentado muy de cerca, solo me llegan los comentarios de referencias. Lo cierto es que un problema con un Sagüero puede terminar con un piquete de arma blanca, esa es una cuestión que tienen claro los de municipios cercanos. Las experiencias de mis amigos albergados en escuelas del pre en la provincia evidencian esa concepción: El sagüero es problemático.
Las situaciones peligrosas pueden tener antecedentes disímiles, una infidelidad pasional, un pisotón a la persona equivocada, o una mirada atravesada. El guapo vive de su guapería, y su estatus social lo tiene que dejar bien claro, por tanto el alarde antes y después de una pelea constituyen el ritual identificativo de aquel que le da lo mismo meterle una puñalada a un zapato, que darle betún a un puerco. Lo bueno de este cortejo de apareamiento parecido al de los pavos reales, es que como espectador te da tiempo identificar cuando se va a producir una situación peligrosa; a no ser que estés dentro de una guagua y no tengas a donde ir.
De las puñaladas en las guaguas solo tengo historias de terceros, por suerte nunca he coincidido en ninguna, pero son frecuentes en temporadas de carnavales. Los sucesos son diferentes, pero todos terminan con tres o 4 apuñalados, y el resto golpeados tratando de evitar el arma blanca. Del último que recuerdo se dice que el chófer tuvo que salir corriendo de la guagua a 2 kilómetros de la cuidad y la gente tuvo que irse a pie.