26/06/2024
No me río de Otaola por no hablar inglés. Conozco gente brillante que no lo habla y entiendo además que es cierto que Estados Unidos no tiene idioma oficial.
En realidad no me río, reírme es lo que hago con Aly Sánchez y Yoyi. La entrevista a Otaola no me ha hecho reír, me ha hecho feliz. Una encuentra algo de reparación cuando su atacante más acérrimo hace un ridículo así de tremendo, y eso la hace a una feliz.
A pesar de mi felicidad por su fracaso (que sí, que igual es dejarme llevar por bajas pasiones, con lo que estoy, por cierto, totalmente reconciliada), también siento mucha vergüenza de que esto sea lo que el exilio cubano tiene para mostrar al resto de Estados Unidos: un tipo que va a un canal de televisión con ideas que solo tienen sentido en su cabeza y entre su comunidad, en la que me incluyo, pero que es incapaz de defenderlas; un tipo que tiene un historial muy poco coherente de afecto y desafecto a símbolos castristas; un tipo que ofende sin cuidado alguno a comunidades sensibles, y también a decenas de compatriotas suyos que ponen el cuerpo y todo lo que tienen, al servicio de la libertad de Cuba; un tipo que hace alarde de su ignorancia y apología de la ignorancia y el simplismo en general; un tipo que usa en sus canales contenido directamente enviado por la seguridad del estado sin siquiera preguntarse por qué se lo envían precisamente a él, sin pensar en las consecuencias que esto trae para las personas en los hombros de las cuales ejerce su “libertad de expresión”, sobre todo si están dentro de Cuba.
Hay otros “representantes del exilio” que igual me da vergüenza que me representen, pero Otaola ha corrido con la poca suerte o gran fortuna, según se mire, de ser el exponente más visible.
Otaola no está solo. Tiene defensores que sustentan su defensa en la narrativa de que “Otaola despertó al exilio cubano” o en que es admirable su crecimiento profesional. A lo segundo solo puedo responder que crecer profesionalmente es lo natural, no hay mucho que admirar ahí, y que hasta Hi**er pasó de ser la más absoluta nada al hombre que hizo estremecer al mundo.
Con la primera defensa al fenómeno Otaola también debo discrepar. Decir que Otaola despertó al exilio es olvidar que gran parte de ese exilio hoy despierto vino desde los tiempos de la travesía por Ecuador, hace unos diez años, y es lógico que ante esta cercanía temporal mantenga a Cuba como un pilar importante de sus vidas y afectos, independientemente de Otaola, que ha capitalizado ese sentir de maneras muy innobles, en mi opinión.
Pero el exilio también “despertó” gracias a lo que se ha hecho dentro de Cuba en los últimos años: Movimiento San Isidro, 11M, 27N, 11J, Archipiélago, rap, protestas ciudadanas... Todo llevado a cabo por gente muy valiente que tal vez no se da golpes en el pecho diciendo “abajo el comunismo” todas las tardes a las 5:00pm, pero que ha venido a decirle al exilio que Cuba hoy piensa en derechos y en libertad. Darle el mérito de ese “despertar” a Otaola es anular el papel de mucha gente que hoy está presa o sufriendo duramente las consecuencias de sus actos contra el castrismo.
Lamentablemente, las alternativas a Otaola entre el exilio no son muy confiables. El buenismo que promueve la pasividad del exilio ante una ciudadanía al límite, con discursos como “el que empuja no se da golpes”, o que invita a apoyar a un sector privado leal al castrismo, también me avergüenzan. Es por eso que yo perreo sola, o con compañía que no es necesario exponer.
El exilio cubano es mucho más que Otaola o esas contrapartes, y definitivamente no es para nada el pro-castrismo que pulula por ahí, adoctrinado aún, a pesar de estar disfrutando de la libertad y la democracia.
Les dejo esta foto en Louisville, Kentucky, que no tiene nada que ver, pero me apoya en contarles un fun fact acerca del lugar: los locales pronuncian el nombre de su ciudad como “loabul”.