16/03/2014
CONVIVENCIA BUENA O MALA ¿CÓMO REGULARLA?
En una vivienda compartida, se unen personas para compartir techo, la mayoría de las veces sin conocerse de nada, y casi siempre, sin tener nada en común en lo referente a carácter, hábitos y cultura.
El casero, también la mayoría de las veces, si se preocupa por el bien estar de sus inquilinos, es unas veces conciliador, otras, confesor, otras, juez severo, pero siempre un papel difícil, no solamente es el propietario del piso sino que en algunos casos asume la responsabilidad de que personas muy distintas tengan la mejor convivencia posible.
Los inquilinos, normalmente las personas que comparten piso, es por necesidad, porque la verdad es que “ como en casa de uno no se está en ningún sitio”, pero cuando la necesidad aprieta y en estos tiempos es así para muchísimas personas, no queda otro remedio que compartir gastos, pero qué pasa cuando una persona es intolerante, egoísta e insoportable, que hace de la convivencia incómoda, por decirlo suavemente, no para uno sino para todos, al final estas personas tóxicas, que es un minoría afortunadamente, hay que invitarles a marcharse a buscar otro sitio donde puedan “encajar”.
Tenemos que tener en cuenta que cuando convivimos tenemos que respetar y hacernos respetar y como a veces es difícil delimitar donde empieza tus derechos y donde empiezan los del compañero, lo mejor es el diálogo y por favor hagamos del casero una persona que nos facilita la vivienda, nos la tiene en perfectas condiciones y se preocupa porque todo esté en orden, pero no hagamos de él un Juez, un maestro, un padre o un confesor, solamente una persona que tiene un negocio digno, que ofrece dignidad a las personas que les alquila vivienda. Que con esto de: ofrecer dignidad, que hoy en día escasea, aunque sea sólamente con una vivienda en condiciones, ya es importante.