07/01/2026
Acabamos de comprar Las brujas de Armallones.
No lo recibiremos hasta dentro de unos días, pero el simple hecho de que alguien haya dedicado tiempo, imaginación y conocimiento a escribir una historia situada en nuestro pueblo ya es, en sí mismo, un gesto poderoso.
Porque los territorios también se construyen desde los relatos. Desde las historias que alguien un día imagina —o recuerda, o transforma— y que empiezan a sembrar futuros posibles: inmediatos y lejanos. Futuros culturales, sociales, turísticos, creativos.
Desde un libro así, sin haberlo leído todavía, ya se abren muchas ventanas. Juegos por el pueblo, gincanas narrativas, teatralizaciones, itinerarios ficticios que dialogan con la historia real, experiencias compartidas que conectan a vecinos y visitantes. Ideas que solo pueden surgir cuando existe un relato previo que las sostenga.
Siempre, eso sí, de la mano de quien escribe. Porque el origen está ahí: en alguien que ha decidido contar Armallones, situarlo en el mapa de la ficción y, con ello, recordarnos que nunca dejó de estar en el mapa de lo vivido.
Los pueblos también perviven así: en sus historias reales… y en las imaginadas.