EL ALMA DEL COLMENAR

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“No sé cuándo fue el momento exacto, si fue cuando cruzaste la puerta o fue cuando me miraste y dijiste buenos días, dejando la maleta en la entrada, o fue antes incluso de todo aquello. Recuerdo que hacia frio. Llevabas un abrigo largo y una bufanda al cuello. Tal vez fue el momento de quitártela, no sé. Comenzamos a hablar, fue en el salón, con el único sonido de fondo del crepitar de la madera, quizá fue allí. Allí fue donde se paró el tiempo. No hizo falta nada más.

Un pequeño paseo para ver la habitaciones. Subimos las escalera. La vidriera. La primera planta. A la derecha la habitación azul, tu habitación. Yo dije, esta es mi habitación, no es la más grande, ni tal vez la más lujosa, pero tiene una magia especial y unos amaneceres que no olvidas fácilmente. Seguimos por la habitación principal, de cuento de príncipes con una lámpara de hojas mágicas. Una cama para perderse y un ventanal para empezar a soñar. Luego, otra habitación, igual de grande, llena de amanecer y tranquilidad. Subimos la escalera. Yo perdido en tu mirada, tus formas, fue muy especial. A la izquierda, la habitación singular. Una cama con vistas elevadas al jardín, montaña y mucho más. Un pequeño distribuidor y dos habitaciones. Tu dijiste perfecto, ya no necesito más.

Salimos al jardín, hace frio, quizá más magia. Una piscina dormida de arena y sal, dos praderas esperando para jugar. El estanque, el mirador, nuestra cabaña ... Aquí vive la magia, aquí descansa El Alma. Tu inspiras, cierras los ojos, te abrazas, sonríes ... este es mi lugar.

Dos días ... dos días de despertar, dos días de amanecer, de tranquilidad. Desayunar con un libro y un te en la mesa del porche. Volver a descansar. Chimenea, manta soñar. Dos días de vino en la noche, dos días de cuidar.