30/08/2019
Con el cambio de normativa de casas rurales Casa Dorondón pasa de la categoría superior a tener 3 espigas sobre 5. Parece que es más importante tener albornoces y un pasillo de 1,12 mts de ancho que una casa centenaria de piedra y mucha belleza. No se valora el patrimonio, ni elementos como chimeneas tradicionales, tejados de losa o el mantener los edificios lo más próximo posible a su estilo original. Por ello hemos mandado el siguiente escrito a Turismo de Aragón a través de la Comarca.
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Estimada encargada de Turismo:
Después de nuestra conversación telefónica, quiero dejar constancia de mi malestar respecto a la presente legislación: Decreto 204/2018, de 21 de noviembre, del Gobierno de Aragón, por el que se establece la ordenación y regulación de las casas rurales en Aragón. Concretamente sobre su epígrafe: “SECCIÓN 4.ª CONTRATACIÓN ÍNTEGRA DEL INMUEBLE PARA USO EXCLUSIVO DEL TURISTA, EN CONDICIONES, EQUIPO, INSTALACIONES Y SERVICIOS QUE PERMITAN SU INMEDIATA UTILIZACIÓN BAJO LA DENOMINACIÓN DE CASA COMPLETA”.
Esta regulación no refleja con exactitud la problemática de las zonas rurales ni refleja su riqueza patrimonial, cultural y de entornos naturales; más bien parece una copia (corta y pega) de la legislación existente para hoteles.
Lo primero, creo que hay que diferenciar entre casas rurales en edificios de nueva construcción y casas rurales en edificios con una antigüedad considerable, en algunos casos de cientos de años, que los convierten en edificios históricos. Este decreto no aprecia para nada esta diferencia y, de facto, implica reformas que en el segundo caso son inabordables porque supondrían la destrucción de estructuras antiguas originales que, al contrario, deberían estar protegidas.
Por ponerte un ejemplo: en mi casa rural es imposible poner climatización sin destruir u ocultar los forjados y las vigas de madera, que tan apreciados son por mis clientes. Así mismo, no puedo poner ascensor ni rampa, ni ampliar los pasillos o altura de los techos, ya que en gran parte ya venían determinados por el constructor original. Lamento que fueran más bajitos o no apreciasen la belleza de los techos altos, pero así es como me dejaron su legado.
Por otro lado, aparentemente es importante poner albornoces y zapatillas de ir por casa, y sin duda refleja lujo y confort. Pero creo que eso no es tan valioso comparado con mantener la casa en perfectas condiciones de limpieza (que no se valora ni se inspecciona), lo cual, por cierto, en una casa de paredes de piedra natural es más difícil que en las casas modernas. Así mismo, no se valora en este decreto el hecho de que se apliquen normas de bioconstrucción, que se respeten los materiales originales, la presencia de chimeneas tradicionales o que exista un tejado de losa cuyo valor monetario puede quintuplicar con facilidad el precio de una teja moderna, pero que, sin duda, aporta valor al viajero y turista. Tampoco se aprecia el tener un generoso hogar donde la llama danza dando vida a reuniones y tertulias.
No todos los huéspedes son iguales ni todos valoran los albornoces y la climatización; y es ahí donde discrepo frontalmente de la normativa. No aprecia a las casas rurales con valor patrimonial, con un confort basado en las personas y la cercanía, y con un entorno natural bello y poco alterado. Parece que es lo mismo tener una casa rural al lado de una autopista que tenerla en las cercanías del cañón de Añisclo, por poner un ejemplo. No veo que haya inspecciones que valoren el servicio, la limpieza o el grado de cumplimiento de lo que se promete en las fotos. Simplemente se exige algo y no se supervisa, siendo ello tan fácil como revisar sencillamente la valoración en las plataformas de reserva online, para ver dónde hay mal servicio e incumplimiento del acuerdo con el cliente.
Por supuesto entiendo el espíritu del decreto enfocado a crear alojamientos más competitivos y de mayor calidad para los huéspedes, pero creo que, como hemos visto, hay facetas que influyen enormemente y que no se ven reflejadas. Y que los clientes también demandan.
El decreto se queda en la forma, sin entrar en el contenido.
No tengo dudas de la presión política que sufren nuestros líderes en Aragón por parte de los lobbies de hoteles, etc., para contrarrestar la creciente presión de los pisos turísticos y viviendas de alquiler, pero no por ello hemos de sufrirla aquellos que estamos en lugares donde solo tenemos (y más que contentos estamos) nuestro trabajo, el patrimonio de los antecesores y una riqueza natural sin igual. Creo que son valores que se han de apreciar y poner en valor.
Como última reflexión, comentarte, con respeto y amistad, que esta normativa ayuda a crear casas rurales despersonalizadas, todas iguales, sin diferencias: cajas de cemento con albornoces, climatización y zapatillas de baño. Mi propuesta es que nuestros políticos se pregunten si lo que buscan para sus vacaciones -con amigos o en familia- es eso o más bien el confort de una buena chimenea bien abastecida, la visión de un techo de madera sujeta por vigas también de madera ma**za natural, el aislamiento de paredes de 60 cm de piedra sujeta con barro y el saber que el techo está cubierto por madera, barro y una losa de piedra de casi 3 cm de grosor que proporciona un maravilloso aislamiento natural. Una experiencia auténtica, lejos de la estandarización que hoy nos invade. Una casa con personalidad, historia y belleza.
Tal vez los políticos prefieran hacer del turismo rural una especie de franquicia sin personalidad, pero yo pertenezco al grupo de los que resistirán en nuestras viejas casas centenarias, sin ascensor, albornoces o espigas. Pero ofreceremos lo que se espera de un entorno rural y de una vida lejos de la globalización, la uniformidad despenalizadora y la alienación de despertarte en un cuarto y no saber en qué hotel (o casa rural de las modernas) se ha despertado uno.
Te ruego que, con total libertad, compartas con quien creas conveniente este escrito, y te agradezco su lectura; sé que puede ser farragosa y larga, pero, sin duda, expresa una situación que no ayuda a la “España vaciada” y mucho menos a la “España repoblada y viva”.