02/03/2026
Bella acuarela de nuestro amigo Alfonso Fernández-Manso
Escucho ‘Miña Terra Berciana’ en la radio y algo se me abre por dentro. No es solo una canción, es una llave. La voz de José Ángel, tejida con esa música que parece venir de la madera y del viento, me conduce por un itinerario emocional y ecológico que recorre El Bierzo como quien recorre una herida antigua que ya no duele, pero que nunca se olvida. Cada verso es un sendero, cada nombre pronunciado una campana que repica en la memoria. Y, sin darme cuenta, ya no estoy simplemente oyendo, estoy caminando por el círculo mágico de la comarca.
‘Miña Terra Berciana’ no es solo el título de una canción: es una proclamación íntima y colectiva, un canto que abraza la identidad profunda de El Bierzo y lo eleva en toda su integridad, con sus luces y sus sombras, su memoria antigua y su latido contemporáneo. En esa hondonada verde del noroeste leonés, donde la niebla parece depositar la historia sobre los valles y los castaños milenarios protegen el paso del tiempo, José Ángel Rodríguez ha elegido vivir no como quien ocupa un lugar, sino como quien lo funda cada día con sus actos. Y esa elección consciente, en una época dominada por inercias urbanas y destinos prefabricados, constituye un gesto casi revolucionario.
‘Miña Terra Berciana’ es una versión de ‘Sweet Home Alabama’, el célebre himno sureño que Lynyrd Skynyrd publicó en 1974 y que se convirtió en emblema identitario del sur de Estados Unidos. Lejos de ser una adaptación anecdótica, la operación tiene profundidad simbólica. Donde la banda de Jacksonville cantaba a su territorio con orgullo y controversia, José Ángel toma esa estructura musical universalmente reconocible y la injerta en la tierra húmeda del noroeste leonés, transformándola en la síntesis poética de su propia forma de vida. El resultado no es una copia, sino un diálogo entre geografías, un mapa emocional que recorre El Bierzo con nombres propios, con topónimos que funcionan como sílabas de pertenencia. Cada verso señala un lugar y cada lugar contiene una experiencia, una raíz, una memoria compartida; así, la geografía se convierte en autobiografía y el paisaje en relato íntimo, demostrando que el amor a la Tierra es un sentimiento universal, aunque cada territorio tenga su propia palpitación.
El Valle del Silencio aparece en la canción como mucho más que un enclave geográfico enclavado