17/10/2026
Hoy hace cinco años que te fuiste.
Cinco años… y qué difícil explicar todo lo que cabe dentro de ese tiempo. La ausencia, los recuerdos, las preguntas, los días buenos y los que pesan un poquito más. Todo lo que la vida te obliga a aprender cuando ya no puedes compartirla con quien imaginabas hacerlo.
La vida siguió, aunque una parte de la mía se quedara aquel día contigo. He tenido que aprender a ser fuerte, a tomar decisiones, a seguir construyendo, a sonreír y a encontrar motivos para mirar hacia delante, incluso cuando habría dado cualquier cosa por poder volver atrás.
Y hay algo que quizá nunca sepa explicar del todo: no solo te echo de menos a ti. También echo de menos a aquella Patri que era tu mujer, la que compartía contigo una vida, unos sueños y la certeza de que aún nos quedaba tanto por vivir. Echo de menos nuestros planes, el futuro que imaginábamos y todas esas pequeñas cosas que parecían tan seguras porque creíamos que tendríamos tiempo.
Aquel día perdí a mi marido, a mi compañero de vida, a mi amigo, al padre de nuestra hija y a mi socio en aquel sueño que construimos juntos y al que pusimos nombre: Casa Sueño. Perdí a la persona con la que compartía no solo mi presente, sino también mis proyectos, mis ilusiones y ese futuro que creía que seguiríamos construyendo de la mano.
Y también perdí a una parte de mí: aquella mujer que era a tu lado, que tenía una vida contigo y que nunca imaginó que tendría que aprender a vivir sin ti. Porque no solo tuve que aprender a vivir con tu ausencia; también tuve que despedirme de la vida que habíamos imaginado y encontrar la manera de construir otra que jamás había elegido.
Cinco años después, he cambiado, he crecido y he aprendido muchas cosas que nunca habría querido aprender de esta manera. He descubierto que una persona puede seguir adelante y, al mismo tiempo, echar profundamente de menos lo que dejó atrás. Que se puede volver a sonreír sin que eso signifique olvidar. Y que hay ausencias que no desaparecen: simplemente aprendemos a convivir con ellas.
Miro a Sofi: nuestro regalo más bonito. Una parte de nuestra historia que sigue creciendo, llenando de vida los días y dándome razones para continuar. En ella hay una parte de ti que sigue caminando por este mundo, y acompañarla mientras crece es uno de los regalos más grandes y, a la vez, uno de los mayores desafíos de mi vida.
Y en nuestra rutina, en mi vida de cada día, sigue en pie el sueño firme de Casa Sueño, el proyecto que construimos juntos y que continúa abriendo sus puertas. Un lugar donde sigo acogiendo a huéspedes y peregrinos, donde algunos llegan siendo desconocidos y se marchan convertidos en amigos. Quizá esa sea también una forma de honrar lo que fuimos: seguir cuidando de lo que creamos, mantener viva su esencia y hacer que nuestra casa siga siendo un lugar de encuentro, de descanso y de historias compartidas.
Hoy me acuerdo de ti. De lo que fuimos, de lo que soñamos y de todo lo que nos quedó por vivir.
Porque hay personas que no dejan de pertenecer a nuestra vida cuando se van. Aprendemos a vivir sin su presencia, pero nunca podemos borrar el lugar que ocuparon en nuestro corazón.
Cinco años sin ti. Cinco años aprendiendo a vivir sin nosotros.
Hoy, especialmente, te recuerdo. ❤️