07/08/2019
Explorando datos acerca de la salsa huancaina nos encontramos con esta historia. A finales del siglo XIX, cuando se construía esa prodigiosa obra de ingeniería que fue el ferrocarril Central de Lima a Huancayo, una señora de noble mano se hizo famosa gracias a una salsa de rocoto con queso que ella ofrecia con unas papitas a los trabajadores del ferrocarril durante el almuerzo.
Era una salsa deliciosa que ella hacia moliendo rocotos lentamente en un batan de piedra al que iba echando poco a poco quesito fresco de la zona, cuando el queso fresco aun se hacia solo con leche y sal, echando al final chorritos de leche y aceite para darle cuerpo y textura.
Fue tal su éxito, que la salsa de la señora huancaina, asi era como la llamaban los trabajadores, al final se convirtió en una receta muy popular en todo el valle del Mantaro.
Como era de esperarse la salsa llego rápidamente a Lima, en donde encontró dos modificaciones determinantes para la salsa como la conocemos hoy. La primera el cambio del rocoto por el aji amarillo abundante en la capital. La segunda el cambio de batan por licuadora, aparato que fue determinante para que la popularidad de la salsa se expandiera a todos los hogares y todos los rincones del Peru.
Pero esta historia continua, porque si bien la salsa huancaina hoy habita en el corazon de todos los peruanos, aun le queda un largo camino por recorrer, para lograr lo que lograron otras salsas como la mayonesa o el ketchup : Instalarse en el corazon y la vida cotidiana de todas las familias del mundo.
Sera esto posible? Sera que alguna dia nuestra huancaina querida estará en todas las mesas? Será que el saborcito peruano hecho crema se hará un espacio en sus corazoncitos? Y porque no, si es todo amor, todo sencillez, y sobre todo es tan pero tan rica. Que viva la huancaina.
Les comparto una receta que no pretende en lo absoluto competir ni con la madre de las huancainas, la de rocoto y batan, ni tampoco con la que hacen en sus casas, siempre deliciosa y con ese toque personal y casero que tiene cada familia. Es solo, una receta para aquellos que aun no se animan a prepararla
En una sartén con un chorro de aceite saltamos rápidamente, es decir en segundos, medio kilo de ajíes amarillos sin venas ni pepas junto a un diente de ajo pelado y un trocito de cebolla roja. Luego licuamos esto con todo su aceite echando ademas, pizca de sal, 6 galletas de soda, media taza de queso fresco de preferencia de mercado, artesanal, una taza de leche evaporada y listo. Licuamos hasta darle esa textura cremosa probando al final de sal, porque el queso puede salar la salsa.
Al final cubrimos las papas que mas nos gusten, cocidas y peladas con bastante salsa y acompañamos con huevo duro, aceituna y lechuga.
Provecho.