17/12/2025
El 6 de noviembre del pasado año 2024, el villavés Pablo Merino Maeztu, ahora con 44 años, recibió un whatsapp del sacerdote del Opus Dei, Jacinto Lázaro Laguardia. Había sido su capellán en el colegio Irabia de Pamplona cuando era niño. Y durante la juventud y la vida adulta siguieron teniendo una amistad, y quedaban de vez en cuando para comer y se felicitaban los cumpleaños. El caso es que aquel mensaje era muy escueto y nítido: “Hola, no se si estás en Alemania (Pablo trabajaba con un tráiler). Llámame cuando puedas”. Pablo aparcó el camión y telefoneó a Jacinto. Al descolgar, el cura le dice que “habían ido unos del Opus a su casa, que ya no podía ni salir, ni hacer comuniones, ni bautizos, ni nada. Me dice que le preguntaron a ver si yo iba a denunciar y que él les respondió que yo no lo iba a hacer, que él ya había hablado conmigo. Entonces algo se activó en mi cabeza, algo me estalló. Estos del Opus querían salvar su c**o de esta movida, el otro (el cura) miente, porque ni siquiera había hablado conmigo de eso, de no denunciarle... Entonces es cuando decido dar el paso y contarlo. Y veo que a mí, contarlo, me sana. Si el cura no me hubiera llamado, seguiría igual. Gracias a él, se va a saber todo lo ocurrido”.
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