08/06/2025
5 de junio pero de 1878
La casa era pequeña y muy humilde, sus paredes eran de adobe, de ese adobe que se hace con la tierra misma. Ahí, en esa casa que pertenecía a la Hacienda Río Grande, donde trabajaba Agustín Arango como peón, nació un niño al que bautizaron con el nombre de Doroteo... Doroteo Arango. Como todos los hijos de los peones, el pequeño estaba destinado a ser un peón más de la casa grande.
Doroteo creció en el campo jugando con los demás hijos de peones. Con la muerte de su padre se vio en la necesidad de hacer a un lado los juegos y trabajar para ayudar a su madre con el sustento familiar.
Si, la infancia no fue fácil para él y la juventud lo sería aún menos. Dice la historia que a los 16 años Doroteo mató a un hombre sumamente importante en la hacienda, por tal motivo, tuvo que huir al monte dejando atrás a su madre y hermanos.
Ahí en el monte Doroteo se unió a una banda de robavacas, poco a poco Doroteo se fue ganando el respeto y el cariño de los miembros de la banda, tanto así, que cuando murió el jefe, lo eligieron a él como el nuevo líder. Fue en ese momento que Doroteo decidió cambiar su nombre, fue en ese monte donde nació Francisco Villa, engendrado por la rebeldía, la injusticia y la necesidad.
Los aires de la revolución llegaron hasta su guarida, una nueva oportunidad se abría ante sus ojos, Francisco Villa no iba a dejar pasar una oportunidad como esa y junto con sus muchachos se unió a las filas revolucionarias. Dejando de ser un ladrón para convertirse en héroe de la nación.
Texto: Historias de tierra sagrada, mi México
Orgullo Mexicano.
Crédito de fotografía a quien corresponda.