A fines de la década de los 70, Josefina Partida hizo un paseo en lancha a la playa de Las Ánimas y se enamoró de este lugar. Sus montañas de selva tropical, sus playas de arena blanca y su mar azul cristalino hicieron que quisiera quedarse ahí por siempre. Después de varias visitas decidió que era aquí donde quería construir su cachito de paraíso en la tierra. Un día, en una servilleta de papel f
irmó con Don Jesús Andrade, miembro de la comunidad indígena de Chacala, el contrato que dio comienzo a esta aventura. Desde entonces este lugar se ha ido convirtiendo en uno de los rincones más bellos y exclusivos para hospedarse en México, en donde el respeto por el ecosistema y la magia esencial que enamoró a Josefina, se combinan con un ambiente entrañable y acogedor.