07/10/2024
Celebración de Halloween
Capítulo 4: La Revelación
Corrimos hacia la salida del cementerio, nuestros corazones latiendo con fuerza. La luz de la luna iluminaba nuestro camino, pero el miedo seguía persiguiéndonos. Sabíamos que habíamos escapado por poco, pero las preguntas sin respuesta nos atormentaban.
“¿Quién de nosotros está marcado?” preguntó Ana, su voz temblando. “¿Y por qué?”
Sofía, aún sosteniendo el amuleto, miró el diario con preocupación. “No lo sé, pero tenemos que averiguarlo antes de que sea demasiado tarde.”
Nos detuvimos un momento para recuperar el aliento. Laura, con la mirada fija en el horizonte, dijo: “No podemos volver a casa sin Javier. Tenemos que encontrarlo y detener este ritual de una vez por todas.”
Carlos asintió, aunque el miedo era evidente en sus ojos. “Pero, ¿cómo? No sabemos quién está detrás de esto ni qué quieren realmente.”
De repente, un susurro helado nos rodeó de nuevo. “El elegido ya está marcado… El ritual debe completarse…”
Nos giramos, buscando la fuente del susurro, pero no había nadie. Solo las sombras que parecían acercarse cada vez más.
“Tenemos que movernos,” dijo Sofía, su voz urgente. “Si nos quedamos aquí, seremos los siguientes.”
Nos adentramos más en el cementerio, cada paso lleno de miedo y desesperación. Las sombras parecían seguirnos, y los susurros se hacían más fuertes. Sentíamos que algo nos observaba, algo que no era de este mundo.
Finalmente, llegamos a una cripta antigua. La puerta estaba entreabierta, y una luz tenue brillaba desde el interior. “Tal vez Javier esté ahí,” dijo Laura, su voz llena de esperanza.
Entramos en la cripta, nuestros corazones latiendo con fuerza. La luz provenía de un círculo de velas en el suelo, y en el centro, una figura encapuchada estaba de pie, murmurando palabras en un idioma antiguo.
“¡Javier!” gritó Laura, pero la figura no se movió.
Nos acercamos con cautela, y cuando la figura se giró, vimos el rostro de Javier, pero sus ojos estaban vacíos, como si no estuviera realmente allí.
“El ritual debe completarse,” dijo con una voz que no era la suya. “Uno de ustedes debe ser el sacrificio.”
El terror se apoderó de nosotros. ¿Quién sería el siguiente? ¿Podríamos detener el ritual antes de que fuera demasiado tarde?
De repente, las velas se apagaron y la cripta quedó sumida en la oscuridad. Sentimos una presencia fría y maligna a nuestro alrededor. Un susurro apenas audible llegó a nuestros oídos: “El elegido ya está marcado…”
Nos miramos unos a otros, el pánico reflejado en nuestros rostros. ¿Quién de nosotros estaba marcado? ¿Qué significaba eso?
“Tenemos que salir de aquí,” susurró Ana, su voz temblando. “Esto es una trampa.”
Pero cuando intentamos salir, la puerta de la cripta se cerró de golpe, atrapándonos en su interior. La oscuridad era total, y los susurros se hicieron más fuertes, rodeándonos.
“El ritual debe completarse,” repitió la voz de Javier, ahora más siniestra. “No hay escapatoria.”
El miedo se apoderó de nosotros mientras buscábamos desesperadamente una salida. Las sombras parecían cobrar vida, y los susurros se transformaron en gritos de agonía.
“¡Tenemos que encontrar una manera de detener esto!” gritó Laura, su voz llena de desesperación.
Sofía, con el diario en la mano, comenzó a leer en voz alta, tratando de encontrar una solución. “Aquí dice que el ritual puede ser detenido si encontramos el objeto que la secta usaba para invocar a la entidad. Debe estar escondido en algún lugar de esta cripta.”
Nos pusimos a buscar frenéticamente, sabiendo que cada segundo contaba. Las sombras se acercaban, y los gritos se hacían más intensos.
Finalmente, Ana encontró un amuleto antiguo escondido en una esquina oscura. “¡Aquí está!” gritó, levantándolo.
Sofía tomó el amuleto y comenzó a recitar una oración del diario. Las sombras retrocedieron, y los susurros se desvanecieron lentamente.
La puerta de la cripta se abrió de golpe, y la luz de la luna inundó el interior. Salimos corriendo, sin mirar atrás, sabiendo que habíamos escapado por poco.
Pero mientras corríamos hacia la salida del cementerio, una última pregunta nos atormentaba: ¿Quién había marcado al elegido? ¿Y por qué?
La noche de Halloween se volvía cada vez más aterradora, y el verdadero terror aún estaba por desatarse.