28/03/2026
Confesión jaranera (y un poco sociológica)
No puedo ver un guachapeo incompleto sin sentir que falta algo.
Cuando hacen el cambio y terminan en tacón o en planta, pero no aparece el cepillado con el metatarso antes de cambiar de pie, siento como si el paso se quedara sin cerrar, como si la frase rítmica quedara incompleta.
No es que esté mal ni que haya una sola forma de bailar jarana. Cada quien baila como aprendió. Pero cuando te enseñan la técnica completa, ese pequeño golpe se vuelve muy importante, porque marca la acentuación y prepara el cambio de peso para el otro pie. El paso se siente distinto, más redondo, más completo.
A veces pienso que esto tiene que ver con algo que decía Pierre Bourdieu: que el cuerpo aprende formas de moverse, de acentuar, de pararse, y después esas formas se vuelven naturales, como si siempre hubieran estado ahí.
Después de cierto tiempo bailando, el cuerpo ya espera ese golpe. Y cuando no aparece, no es que esté “mal”, simplemente se siente raro, como una palabra que se queda a la mitad.
Supongo que todos los que bailamos jarana tenemos esas pequeñas cosas que ya no podemos dejar de notar, porque el baile, poco a poco, también se nos va metiendo en el cuerpo.