06/05/2025
El aguacate criollo es el verdadero padre del guacamole. Pequeño, de cáscara delgada y sabor intenso. No es “bonito” como los de exportación, pero es más sabroso, más aromático y más nuestro.
Mientras el aguacate Hass domina el mercado global, el criollo sobrevive en huertos familiares, mercados locales y montes olvidados. Pero guarda una genética milenaria y un sabor que no se puede clonar.
El criollo no se creó para viajar en tráileres ni para durar semanas en anaquel. Se creó para comerse maduro, fresco, directo del árbol, con sal y tortilla caliente. Es más aceitoso, más complejo y más intenso. Algunos lo consideran “rústico”. Otros, “primitivo”. Pero la verdad es esta: el criollo es el aguacate en su forma más pura. México tiene más de 20 razas de aguacate nativas. El criollo es la base genética de muchas de ellas. Sin él, no existirían ni el Hass, ni el Bacon, ni el Fuerte.
¿Por qué no lo vemos en supermercados? Porque no es negocio para la agroindustria. Su piel delgada lo hace frágil, su tamaño lo hace “poco rentable”. Pero en sabor… nadie le compite. Defender al aguacate criollo es defender nuestra biodiversidad, nuestros sabores reales y la soberanía alimentaria. Es decirle no a la estandarización del gusto