25/11/2022
«El secreto de mi éxito fue rodearme de personas mejores que yo»
La tentación de muchos jefes, sobre todo los que tienen importantes inseguridades personales, es intentar incorporar a sus equipos a personas que no les puedan hacer sombra. Y, en la misma línea, a prescindir o arrinconar al menos, a aquellos miembros de su equipo más brillantes, con más potencial.
El problema de esta conducta, más frecuente de lo que parece, es que rodearte de gente menos preparada, que no toma riesgos, que no tiene una visión global de los problemas o que no es creativa, te llevará a seguir profundizando en las mismas conductas. Si nos rodeamos de mediocres para sentirnos superiores, cuando estemos ante personas brillantes nos sentiremos cada vez más pequeños e incapaces, lo que nos llevará a buscar colaboradores más mediocres aún. De esta manera, se generan bolsas de incompetencia y la ineptitud se va multiplicando.
Esta terrible conducta es altamente perjudicial para las organizaciones, por supuesto, pero también para el propio lider o jefe ya que sus resultados serán cada vez peores. Es muy cómodo estar rodeado de mediocres aduladores, pero sólo podemos mejorar si tratamos con gente que nos supera, al menos en alguna faceta, que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros. Y, desde un punto de vista egoísta, con gente buena a nuestro alrededor será más fácil cumplir y sobrepasar los objetivos profesionales, las preocupaciones serán menores (si contratas a alguien que sepa menos que tú, siempre tendrás que estar pendiente de su trabajo) y destacaremos más en nuestra organización.
Buscar a los mejores tiene un riesgo claro. Las personas valiosas tienen más posibilidades de prosperar profesionalmente y será más probable que tengamos que prescindir de ellas porque son promocionadas o porque emprenden otros proyectos. Sin embargo, creo que compensa de sobra la incomodidad de tener que buscar nuevos colaboradores y enseñarles, lo que nos puedan aportar mientras trabajen con nosotros. No sólo no es aconsejable intentar cortar sus alas, sino que debería facilitarse su desarrollo profesional, porque eso contribuirá de manera notable a su motivación y, por tanto, a mejorar ese rendimiento que tanto nos beneficia.
También es cierto que nuestros colaboradores deberán integrarse en equipos, por lo que el único criterio para elegirlos no debe ser sólo su valía, sino también su capacidad para trabajar con otros y su armonía con la cultura de la empresa. Sin olvidar, por supuesto, el coste. Lo más probable es que los buenos profesionales estén más cotizados y que tengamos restricciones presupuestarias que condicionen a quién podemos contratar.
Algunos de los perfiles que creo más interesantes para incorporar a los equipos, con la salvaguarda de velar por la integración del grupo y del presupuesto disponible, serían:
# Ambiciosos, que estén dispuestos a trabajar duro para conseguir sus objetivos
# Que valoren otros aspectos aparte de la mera retribución. Si sólo está interesado en el dinero, será difícil que se involucre realmente con la empresa o proyecto
# Con conocimiento o experiencia destacada en alguno de los campos críticos del trabajo a realizar, y que sean complementarios entre ellos
# Creativos y con iniciativa
# Leales y comprometidos con lo que emprenden
En definitiva, creo que es fundamental rodearse de colaboradores de los que puedas aprender, a los que admires y nunca de gente a la que no te suma.
Martín Holownia Cocinero Profesional