Las manos de doña Juana siguen labrando hoy un sueño que algún tiempo tuviera con su esposo José Ali Díaz, en convertir este rincón de Sabana Grande en un lugar ideal para el turista, un espacio no solo para hospedaje, sino para llevarse en el recuerdo, que ofreciera gran cantidad de servicios a los visitantes, prestados con la mayor cordialidad y una decoración que diera ese toque personal de la
familia andina, a quienes el gusto por la naturaleza les entretiene la vida. El mayor deseo para la familia es embellecer cada rincón de la posada, si bien comenzó con una pequeña casa de hospedaje de dos habitaciones ya cuenta con diez más que confortables, además de un agradable restaurant con comidas típicas de la región que comparte el deleite al paladar con el brindado a la vista por los bellos jardines del lugar. Sin duda lo excepcional de esta posada es el trabajo de la jardinería; calas, margarita, hortensias, lirios, y claveles forman la inmensa gama de colores que dan vida al lugar, mientras que el verde del pino y los arbustos le dan el verde esperanza. Un espacio para el contacto con algunos animales, como gansos, pavorreales, guacamayas, monos y otros. Además, Doña Juana se ha esmerado en personalizar todos los servicios, cuenta con un parque infantil, tienda de artesanías donde el turista puede llevar un recuerdo del sitio, salón de fiesta, cominerías, cómodo, estacionamiento, Simplemente un lugar para disfrutar en cualquier momento del año.